Este pequeño artículo se escribe para la promoción del RETO #BotijoChallenger. Queremos reivindicar el uso del Botijo para lo que te pedimos simplemente una foto tuya con uno de estos recipientes. Existen lotes de productos del Programa Mayores por el Reciclaje de recompensa.

Puedes mandarnos la foto a nuestro WhatsApp (621 21 36 72), colgarla en Twitter usando la etiqueta (“Hashtag”) #BotijoChallenger o enviarla  a retos@mayoresporelreciclaje.com. También puedes rellenar el formulario que encontraras aquí. Si quieres puedes conocer las bases de esta promoción aquí.

¿Qué es un botijo?

Empecemos por el principio, el objeto del que hablamos tiene múltiples nombres. Se llama botijo, búcaro, piporro, pipo, etc. Es una vasija de barro cocido, poroso, con base redonda y vientre abultado. Suele tener en la parte superior un asa y dos orificios, uno por el que se bebe y otro por el que se rellena. Sirve para enfriar agua y conservarla fresca. Creo que todos conocemos de qué hablamos.

El botijo forma parte de la historia y de la cultura mediterránea. Es una pieza de ingeniería ancestral que permite conectarnos con nuestra tierra en todos los sentidos, desde la propia arcilla local hasta el placer de beber agua fresca en una pieza creada por las manos de un artesano. Beber agua de botijo es una manera de respetar nuestra historia y artesanía a la vez que promovemos la salud y el respeto al medio ambiente.

Su historia se remonta a las antiguas culturas mesopotámicas, donde se encontraron los primeros restos de recipientes con formas similares a los actuales. Hace unos 3.500 años ya se usaba en la Península Ibérica tal y como sugiere un ejemplar encontrado en el yacimiento de Puntarrón Chico, en Murcia.

Pero, ¿de verdad funciona el botijo?

Se suele decir de forma despectiva, “eres más simple que el mecanismo de un chupete” pero sin embargo hay que reconocer que el chupete funciona. En una época donde se valora la alta tecnología hay que revalorizar los objetos simples pero que funcionan de una forma eficaz y sencilla. El botijo es un objeto que aunque sea antiguo y tradicional funciona  de forma  magistral, es un artilugio preindustrial y pretecnológico que raya la perfección.

Los botijos son capaces de enfriar el agua y mantenerla fresca incluso cuando la temperatura ambiente es elevada, es más, enfría mejor en ambientes secos y calurosos. El agua que introducimos en el botijo va poco a poco filtrándose a través de los poros de la arcilla y al entrar en contacto con el ambiente seco exterior una parte del agua se evapora, produciendo un enfriamiento (equivalente a unas 500 calorías por cada gramo de agua evaporada).

Es decir, al igual que la piel de los humanos deja salir el sudor para refrescar el cuerpo, el botijo también “suda” a través de sus poros.

Te dejamos un video donde se explica el funcionamiento del botijo.  

Aunque el botijo lleva cumpliendo durante milenios su función, no fue hasta finales del siglo XX cuando dos profesores de Química de la Universidad Politécnica de Madrid no decidieron investigarlo a fondo. Dieron con la fórmula que integra todas las variables que actúan para que este tipo de recipiente enfríe el agua. Publicaron sus resultados en la revista Chemical Engineering Education vol. 29 de 1995. Solo vamos a poner un esquema para que veáis que lo mismo no es tan sencillo.

Ventajas del botijo frente a otros envases

  • SALUD. El agua del botijo no sale fría, sino fresca. Esto es un tema importante pues el agua en un día caluroso puede ser perjudicial para nuestra salud. El agua de las neveras suele estar a uno 4ºC que es una temperatura muy baja para gargantas sensibles. Para los que quieran pruebas, en 2013, científicos de la Universidad de Urmia (Irán) midieron el efecto hidratante del agua a diferentes temperaturas y decretaron que 16 grados es la óptima para el consumo humano, es decir agua fresca que no fría.
  • AHORRO ENERGÉTICO. Refrigerar el agua en la nevera consume mucha energía eléctrica. El botijo es capaz de enfriar el agua sin gastar energía, por lo que su uso ayuda a reducir los impactos asociados a la producción de electricidad. Aunque suene extraño beber en botijo es una forma de luchar contra cambio climático.
  • MEJOR SABOR. El botijo no es hermético y por eso facilita la evaporación del cloro y la desaparición de los malos olores que pueden estar presentes en el agua de grifo. Es decir, mejora las propiedades del agua del grifo, que bien tratada es la más sana y barata. En los lugares con agua dura o con cierto sabor se debería usar este embase para mejorar la calidad de ésta.
  • MENOS RESIDUOS. Es un envase con muchos usos no como otros envases que tienen una vida útil más corta. Esto reduce nuestros residuos y tal y como hemos aprendido en este programa, es algo vital para nuestro planeta.
  • BARRO MEJOR QUE PLÁSTICO. Los plásticos usados en el agua embotellada pueden tener sustancias no deseables para nuestra salud y la del planeta y su  tiempo de degradación es de cientos de años. Por el contrario, el barro es un material local, natural, sin toxicidad y no genera problemas en su degradación.
  • ARTESANÍA. Los botijos se suelen producir de forma artesanal en algunos pueblos como por ejemplo La Rambla (Córdoba). Beber en botijo supone un apoyo a la artesanía, a nuestra cultura y al desarrollo sostenible de nuestros pueblos.

Consejos para el uso del botijo

  1. Para eliminar del agua el sabor a barro que da el botijo recién estrenado no hace falta echar anís u otro licor. Basta cambiar con frecuencia, durante dos o tres días, el agua con la que llenamos el botijo antes de empezar a beberla.
  2. Debido a su porosidad es conveniente colocar el botijo sobre un plato para recoger el agua exudada que no llega a evaporarse.
  3. El botijo siempre debe tener agua. Si queda vacío durante varias semanas el agua volverá a saber a barro.

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